El Método CRC · Volumen 1 · Capítulo 6. Salud y composición corporal.
Ozempic y Mounjaro han entrado en el deporte amateur por la puerta de atrás: una consulta online, dos fotos, una receta en veinte minutos y una caja carísima comprada por tu cuenta. La ciencia dice que entre una cuarta parte y casi un 40% de lo que se pierde con estos fármacos no es grasa, sino masa magra, y que dos tercios del peso vuelven al año de dejarlos. Este es el protocolo de CRC para afinar de verdad: sabiendo qué pierdes, no solo cuánto.

El problema
Hay un mercado creciendo a toda velocidad alrededor de una promesa muy vieja: adelgazar sin cambiar de hábitos. La novedad es que ahora la promesa tiene nombres comerciales —Ozempic, Wegovy, Mounjaro, Saxenda— y una vía de acceso que hace veinte años no existía: una consulta telemática, un cuestionario que cualquiera aprende a responder en el foro adecuado, un par de fotografías y una receta emitida en minutos por un médico que nunca te ha explorado. Después llega la caja, pagada íntegramente de tu bolsillo, a un precio que según fármaco y dosis se mueve entre los cien y los trescientos euros al mes, y que hay que seguir pagando el mes siguiente.
En ciclismo el terreno estaba especialmente abonado. Llevamos décadas obsesionados con una fracción, los vatios por kilo, y en esa fracción el denominador siempre ha parecido el camino corto. Cuesta menos quitar tres kilos que ganar veinte vatios. Lo que casi nadie se pregunta es de dónde se restan exactamente esos tres kilos.
Conviene decir una cosa cuanto antes. Estos fármacos son medicamentos serios, con indicaciones médicas reales —diabetes tipo 2 y obesidad— y con beneficios demostrados en las personas que los necesitan. Este contenido no va de esas personas ni pretende cuestionar su tratamiento. Va del ciclista de 74 kilos que quiere pesar 69 para la marcha de julio y decide que la química es el camino más corto. Y va, sobre todo, de una confusión que la báscula alimenta cada mañana: el peso te dice cuánto has perdido, nunca qué has perdido.
El peso te dice cuánto has perdido, nunca qué has perdido.
Porque se pueden bajar cinco kilos mejorando y se pueden bajar cinco kilos empeorando. Depende de qué parte venga de la grasa, qué parte del músculo, cuánto sea glucógeno y el agua que lo acompaña, y de qué le ocurra al hueso por el camino. En un ciclista esa diferencia no es estética: es la diferencia entre subir mejor en septiembre o llegar a septiembre con menos potencia, peor recuperación y una densidad ósea que no se recupera sola.
En España, además, el fenómeno tiene un agravante que se cuenta poco. La demanda disparada por el uso estético provocó problemas de suministro desde finales de 2022, hasta el punto de que la Agencia Española de Medicamentos ha tenido que emitir y actualizar recomendaciones para priorizar a los pacientes con diabetes tipo 2, y ha alertado de dispensaciones sin receta en algunas farmacias y de la aparición de un mercado ilegal. Dicho de otro modo: el atajo de unos deja sin tratamiento a otros.
El atajo de unos deja sin tratamiento a otros.

Qué dice la ciencia
La semaglutida (Ozempic, Wegovy) y la tirzepatida (Mounjaro) imitan hormonas intestinales que el propio organismo libera al comer. Retrasan el vaciado gástrico, aumentan la saciedad y reducen el apetito; la tirzepatida actúa además sobre un segundo receptor, el del GIP. El resultado sobre la báscula es incontestable: en el ensayo de Wilding et al (2021), sesenta y ocho semanas de semaglutida produjeron una pérdida media del 14,9% del peso corporal, y en otro estudio posterior la tirzepatida alcanzó cerca del 21% a las setenta y dos semanas. Ningún cambio de hábitos produce eso en ese plazo, y negarlo sería deshonesto.
La pregunta relevante es otra: ¿de dónde sale ese peso? El subanálisis de composición corporal, realizado con absorciometría dual de rayos X (DXA), encontró que la masa grasa bajaba un 19,3% y la grasa visceral un 27,4%, pero también que la masa magra total caía un 9,7%. Puesto en proporción, las revisiones que han reunido los ensayos de esta cuestión estiman que entre un 25% y un 39% de todo el peso perdido con estos fármacos es masa libre de grasa —músculo, fundamentalmente—, frente al 10-30% habitual en una restricción calórica convencional, que además suele producir pérdidas de peso bastante menores. La caída de masa muscular es varias veces mayor que la que provoca el envejecimiento en un periodo equivalente.
La caída de masa muscular es varias veces mayor que la que provoca el envejecimiento en un periodo equivalente.

Aquí hace falta una pausa conceptual, porque es la clave de todo lo demás. Composición corporal es, simplemente, de qué está hecho tu peso. El modelo más útil en la práctica divide el cuerpo en masa grasa, masa muscular, masa ósea y agua. Dos ciclistas de setenta kilos pueden tener un 8% o un 18% de grasa: la báscula los llama iguales y la carretera no. Y en un proceso de pérdida de peso lo importante no es la cantidad del peso total, sino cómo se mueve cada componente por separado. Si baja la grasa y se mantiene el músculo, has mejorado. Si bajan los dos en paralelo, estás cambiando rendimiento futuro por un número presente.

El segundo dato incómodo es el rebote. Un año después de retirar la semaglutida, los participantes habían recuperado dos tercios del peso perdido, y las mejoras cardiometabólicas habían revertido hacia el punto de partida. Suspender la tirzepatida tras treinta y seis semanas de tratamiento provocó una recuperación media del 14% del peso durante el año siguiente, mientras quienes continuaron con el fármaco perdían un 6,7% adicional. El fármaco puede reducir el hambre, pero no enseña a comer mejor, entrenar mejor o sostener nuevos hábitos. Por eso, cuando desaparece su efecto, el peso tiende a volver al punto de partida, o peor, vuelve con mucho menos músculo. La lectura práctica es dura, esto no es un tratamiento de tres meses, es un tratamiento indefinido. Y el peso que vuelve no regresa con la misma composición con la que se fue.
El fármaco puede reducir el hambre, pero no enseña a comer mejor, entrenar mejor o sostener nuevos hábitos.

Después están los efectos adversos. Los digestivos son frecuentes y conocidos: náuseas, vómitos, estreñimiento y un vaciado gástrico deliberadamente lento. Un estudio de cohortes sobre una base de dieciséis millones de pacientes encontró, entre quienes los usaban para perder peso, un riesgo significativamente mayor de pancreatitis, obstrucción intestinal y gastroparesia que con otro fármaco para adelgazar. Trabajos posteriores que ajustaron por índice de masa corporal han encontrado asociaciones más débiles, de modo que el riesgo absoluto es bajo, pero no es cero. Los prospectos además incluyen una advertencia sobre el desarrollo de posibles tumores de células C tiroideas observados en roedores, contraindican el fármaco en personas con antecedentes personales o familiares de carcinoma medular de tiroides o neoplasia endocrina múltiple tipo 2, y desaconsejan su uso con historia de pancreatitis. No conviene perder de vista que estamos hablando de medicamentos indicados para la diabetes tipo 2 y obesidad, no de suplementos para afinar tres o cuatro kilos antes de una marcha cicloturista.
Y hay otra cuestión importante: los ojos. En 2024, un estudio del Massachusetts Eye and Ear encontró que los pacientes con diabetes tipo 2 tratados con semaglutida tenían un riesgo cuatro veces mayor de sufrir una neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica, conocida por sus siglas en inglés como NAION, que viene a ser algo parecido a un infarto del nervio óptico y que provoca una pérdida de visión brusca, indolora y habitualmente irreversible en el ojo afectado. En Dinamarca, sobre 424.152 personas con diabetes tipo 2, la semaglutida semanal duplicaba el riesgo a cinco años, y un estudio danés y noruego encontró un riesgo casi tres veces mayor que con otro antidiabético, con algo más de un caso adicional por cada 10.000 personas y año. Con esos datos encima de la mesa, el comité de farmacovigilancia de la Agencia Europea del Medicamento concluyó en junio de 2025 que la NAION es un efecto adverso muy raro de la semaglutida, con una frecuencia de hasta un caso por cada 10.000 pacientes, y obligó a incluirla en la ficha técnica de Ozempic, Rybelsus y Wegovy.
Un metaanálisis publicado en 2026 confirmó la asociación, con un riesgo aproximadamente el doble, pero situó el riesgo absoluto en un caso adicional por cada 7.000 pacientes tratados al año y calificó la certeza de la evidencia como baja. A pesar de la baja incidencia, la recomendación es clara: ante una pérdida brusca de visión o un empeoramiento rápido de la vista durante el tratamiento, hay que acudir al médico sin demora y suspender el fármaco si se confirma el diagnóstico.
Al margen de los ojos, la lista de avisos ha seguido creciendo durante el último año. En octubre de 2025, la agencia estadounidense del medicamento incorporó a la ficha de Ozempic el íleo y la obstrucción intestinal, y también el daño renal agudo por deshidratación secundaria a los vómitos y la diarrea. Y las sociedades de anestesiología y cirugía recomiendan avisar siempre de que se está tomando uno de estos fármacos antes de una intervención, porque el vaciado gástrico lento aumenta el riesgo de broncoaspiración con el estómago lleno. Ninguno de estos efectos es frecuente, pero está claro que quien compra por internet sin diagnóstico previo ni revisiones, no tiene a un profesional vigilándole.
Y está el hueso, que en un deporte sin mucho impacto (si es ciclismo de carretera) ya parte con desventaja. En un ensayo danés que comparó ejercicio, fármaco GLP-1 y ambos combinados, el fármaco en solitario redujo la densidad mineral ósea de cadera y columna, el ejercicio solo la preservó, y la combinación mantuvo el hueso mientras producía la mayor pérdida de grasa. En el ensayo principal, esa misma combinación redujo el porcentaje de grasa corporal en 3,9 puntos, aproximadamente el doble que el ejercicio o el fármaco por separado. Es el hallazgo más útil de toda esta literatura y conviene subrayarlo: el fármaco sin ejercicio erosiona justo lo que un ciclista más necesita; con ejercicio, no.
El fármaco sin ejercicio erosiona justo lo que un ciclista más necesita; con ejercicio, no.
Si lo que importa es la composición y no el peso, hay que medirla. Y ahí conviene saber qué mide realmente cada herramienta y con qué error, porque la mayoría de las decisiones se siguen tomando con la peor de todas.
| Método | Qué mide realmente | Fiabilidad práctica | Coste y acceso | Cuándo usarlo |
|---|---|---|---|---|
| Báscula | Solo masa total. No distingue grasa, músculo, glucógeno ni agua | Muy repetible, pero informa cero sobre composición; oscila 1-2 kg por hidratación e ingesta | Muy bajo | Como dato de contexto, nunca como criterio único de decisión |
| Pliegues cutáneos (antropometría ISAK) | Grosor del tejido graso subcutáneo en puntos estandarizados; se sigue la suma de pliegues, no un porcentaje estimado | La menos afectada por la variabilidad del día a día, siempre que mida la misma persona acreditada | Bajo; requiere profesional formado | Seguimiento frecuente del componente graso, cada 4-8 semanas |
| Bioimpedancia (BIA) | Estima el agua corporal y deduce de ahí masa magra y grasa | Muy sensible a hidratación, comida, ejercicio previo y temperatura; error notable en deportistas | Bajo y muy accesible | Solo con protocolo estricto y para ver tendencias, nunca para valores absolutos |
| DXA | Masa grasa, masa magra y contenido mineral óseo, además por regiones corporales | Es la referencia práctica, pero exige estandarizar comida, ejercicio previo e hidratación; sin eso, el cambio puede ser ruido | Alto; centros específicos; dosis mínima de radiación | Dos a cuatro veces al año, en momentos clave de la temporada |
| Ecografía | Espesor de tejido adiposo y muscular en puntos concretos | Buena repetibilidad con operador experto | Medio | Alternativa útil cuando hay ecografista disponible y no hay acceso a DXA |
La regla práctica es sencilla: elige un método, estandarízalo y no lo cambies. Los saltos entre básculas, aparatos y condiciones de medición explican más «cambios» que la propia fisiología, y en el caso del DXA la falta de estandarización —comida, ejercicio previo, hidratación— puede convertir el ruido en un resultado aparentemente real.

Qué ocurre realmente en el ciclismo profesional
El ciclismo lleva mucho tiempo conviviendo con la obsesión por el peso, y no siempre ha salido bien parado. Las historias de trastornos de la conducta alimentaria, de temporadas rotas por bajar demasiado y demasiado rápido, y de carreras profesionales acortadas por problemas óseos y hormonales forman parte de la memoria del pelotón. Por eso la mayoría de estructuras serias han acabado en el mismo sitio: peso como consecuencia, no como objetivo.
En la práctica, eso se traduce en tres cosas. La primera, que el déficit se periodiza: se plantea en periodo preparatorio o tras el parón, nunca en la semana previa a una prueba importante ni en pleno bloque de calidad. La segunda, que se mide composición y no solo peso, normalmente con antropometría de pliegues realizada siempre por la misma persona acreditada, al menos en dos o tres momentos clave de la temporada. Y la tercera, que el trabajo de fuerza no desaparece cuando llega el déficit: es precisamente entonces cuando más falta hace.
Sobre los fármacos GLP-1, la situación normativa conviene conocerla bien porque se malinterpreta a menudo. No están prohibidos por el Código Mundial Antidopaje, pero tampoco son invisibles: la semaglutida entró en el Programa de Seguimiento de la Agencia Mundial Antidopaje en 2024 y desde el 1 de enero de 2026 se han añadido también marcadores de tirzepatida, con vigilancia dentro y fuera de competición. El Programa de Seguimiento es la herramienta con la que la agencia recoge datos de uso de sustancias que todavía no están prohibidas para detectar patrones de abuso. Que hoy sea legal no significa que sea seguro, ni que vaya a serlo mañana, ni que sea buena idea.
Y hay un choque práctico que en ciclismo pesa más que en casi cualquier otro deporte. La estrategia nutricional moderna en carrera va en dirección contraria al fármaco: se busca ingerir entre 60 y 120 gramos de hidratos por hora, con el estómago trabajando a pleno rendimiento, mientras que estos medicamentos están diseñados precisamente para retrasar el vaciado gástrico y quitar el hambre. Entrenar cinco horas con náuseas, sin apetito y con el estómago lento no es un detalle menor, es la vía rápida hacia una disponibilidad energética baja, que el Comité Olímpico Internacional describe como el origen de un síndrome con consecuencias hormonales, óseas, inmunitarias y de rendimiento perfectamente documentadas.
Dicho todo esto, un ciclista con obesidad real o con diabetes tipo 2 es un paciente, no un caso de vanidad deportiva, y en ese contexto el fármaco puede estar plenamente indicado y ser una buena decisión médica con su necesario seguimiento profesional. La diferencia entre un caso y otro no la marca la báscula, la marca un diagnóstico hecho por un médico que te explora, te analiza y te sigue en el tiempo.
La metodología CRC
Antes de decidir nada, tres preguntas por orden: qué quiero perder exactamente, a qué velocidad, y a qué coste. La primera se responde midiendo composición corporal, no peso. La segunda tiene una respuesta bastante precisa en la literatura. La tercera es la que casi nadie se hace.
Primero, el ritmo. En deportistas de élite, perder un 0,7% del peso corporal por semana con entrenamiento de fuerza incluido produjo un aumento del 2,1% de masa magra, mientras que hacerlo al 1,4% semanal dejó la masa magra sin cambios y con peores resultados en fuerza y potencia. Para un ciclista de setenta kilos, ese 0,5-0,7% son entre 350 y 500 gramos por semana. Ir más rápido no es ser más disciplinado, es pagar la diferencia en músculo.
Ir más rápido no es ser más disciplinado, es pagar la diferencia en músculo.

Segundo, la proteína. Durante un déficit energético, las recomendaciones para deportistas se sitúan en 1,6 a 2,4 gramos por kilo y día, repartidos a lo largo del día y escalando hacia la parte alta del rango cuanto mayor sea el déficit y más musculado esté el deportista. En un ensayo con déficit del 40% y entrenamiento intenso, 2,4 gramos por kilo produjeron ganancia de masa magra y mayor pérdida de grasa que 1,2 gramos por kilo.
Tercero, la fuerza no es opcional. Es el estímulo que le dice al organismo qué tejido conservar cuando falta energía, y es también lo que protege el hueso, que en ciclismo de carretera no recibe casi impacto por ninguna otra vía.

Cuarto, la disponibilidad energética manda sobre el plan. Si el déficit se lleva por delante el sueño, la libido, el ciclo menstrual, la frecuencia cardíaca en reposo o la potencia sostenida, el plan ha dejado de funcionar aunque la báscula siga bajando.
Y quinto, el calendario. El déficit se hace en periodo preparatorio o de transición, no en competición, y no se prolonga indefinidamente: bloques de seis a doce semanas con fases de mantenimiento entre medias funcionan mucho mejor que un déficit crónico de nueve meses.
Con ese marco, la comparación entre las dos rutas queda así:
| Aspecto | Fármacos GLP-1 (semaglutida, tirzepatida) | Déficit calórico moderado + entrenamiento |
|---|---|---|
| Pérdida de peso esperable | Del 15% al 21% del peso en 68-72 semanas de tratamiento continuado | Del 5% al 10% de forma sostenible, a un ritmo de 0,5-0,7% por semana en bloques |
| Qué se pierde | Entre el 25% y el 39% de lo perdido es masa libre de grasa, sobre todo músculo | Entre el 10% y el 30%, y puede acercarse a cero (o ganarse masa magra) con proteína alta y fuerza |
| Efecto sobre el hueso | El fármaco en solitario reduce la densidad mineral ósea de cadera y columna | Preservada o mejorada por la carga mecánica del trabajo de fuerza |
| Compatibilidad con el entrenamiento | Náuseas, vaciado gástrico lento y falta de apetito, justo cuando hay que ingerir 60-120 g de hidratos por hora | Compatible si el déficit es moderado, está periodizado y respeta los días duros |
| Qué pasa al dejarlo | Se recuperan dos tercios del peso perdido en un año, y los parámetros cardiometabólicos revierten | El hábito permanece: el peso se mantiene mientras se mantengan las rutinas |
| Riesgos principales | Digestivos frecuentes; riesgo bajo pero real de pancreatitis, obstrucción y gastroparesia; contraindicado con antecedentes de carcinoma medular de tiroides, MEN2 o pancreatitis; desde 2025, la ficha técnica europea incluye además la NAION (neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica) como efecto adverso muy raro | Déficit excesivo o crónico: baja disponibilidad energética, pérdida de masa magra y alteraciones hormonales y óseas |
| Coste y acceso | Entre 100 y 300 euros al mes de forma indefinida, con problemas de suministro, mercado ilegal y falsificaciones | Coste económico bajo; exige tiempo, planificación y acompañamiento profesional |
| Situación antidopaje | No prohibido, pero en el Programa de Seguimiento de la AMA: semaglutida desde 2024 y tirzepatida desde 2026 | Sin ninguna implicación normativa |
| Qué te deja para el futuro | Nada por sí mismo si no se acompaña de cambios de hábitos: al retirarlo se vuelve al punto de partida | Competencias y rutinas que sirven el resto de tu vida deportiva |
| Cuándo tiene sentido | Solo con indicación médica (obesidad o diabetes tipo 2) valorada y seguida por un médico que te explore | Prácticamente siempre, y también junto al fármaco cuando este está indicado |

Queda una pregunta: ¿y si tengo una indicación médica real? Entonces la respuesta no es elegir entre fármaco y hábitos, sino sumarlos. La evidencia disponible apunta con bastante claridad a que la combinación de fármaco y ejercicio conserva el músculo y el hueso que el fármaco en solitario pierde, y produce mejores resultados de composición corporal que cualquiera de las dos estrategias por separado. El fármaco, en ese escenario, no sustituye a los hábitos, los hace más llevaderos mientras se construyen.
Cómo aplicarlo tú esta semana
Primero, cambia la pregunta que le haces a la báscula. Pésate si te apetece, pero toma decisiones con composición corporal medida cada seis a ocho semanas con el mismo método, la misma persona y las mismas condiciones. Un pliegue medido siempre igual informa más que tres básculas distintas.
Segundo, fija un ritmo máximo antes de empezar: entre el 0,5 y el 0,7% de tu peso por semana. Para setenta kilos, entre 350 y 500 gramos. Si en una semana bajas un kilo y medio, no lo celebres: revisa cuánto de eso puede ser músculo, glucógeno y agua.
Tercero, calcula tu proteína y repártela. Entre 1,6 y 2,4 gramos por kilo al día, en cuatro tomas, con una de ellas cerca del entrenamiento de fuerza. Hablamos de gramos de proteína, no de gramos de alimento, y conviene priorizar fuentes de alta calidad proteica. Es la medida individual con mayor impacto sobre lo que conservas mientras pierdes.
Cuarto, mete dos sesiones de fuerza semanales y mantenlas durante todo el déficit, también en primavera y verano. Es la instrucción que le das a tu cuerpo sobre qué tejido no debe tocar.
Quinto, elige el momento. El déficit va en periodo preparatorio o después del parón, nunca en las tres semanas previas a tu objetivo. Y come según la sesión del día, los días duros no son días de déficit.
Sexto, vigila cinco señales de disponibilidad energética baja: sueño peor de lo habitual, frecuencia cardíaca en reposo más alta, más resfriados de lo normal, libido o ciclo menstrual alterados, y potencia estancada pese a entrenar bien. Si aparecen tres a la vez, el problema no es que te falte disciplina, es que te falta comida.
Séptimo, si de verdad estás valorando un fármaco GLP-1 por una indicación médica, que lo valore un médico que te explore, te pida analítica y te siga en el tiempo, no una consulta de dos fotografías y un cuestionario. Y pregúntale específicamente por el plan de proteína y de fuerza para proteger tu masa magra durante el tratamiento.
Octavo, no compres nunca fuera del circuito farmacéutico legal. La agencia estadounidense del medicamento acumula cientos de notificaciones de efectos adversos con productos «compuestos» o falsificados, incluidos errores de dosificación de diez veces por confusión de unidades en la jeringa, y ha advertido de falsificaciones con principio activo erróneo, insuficiente o directamente ausente. Un vial barato comprado por mensaje privado no es un ahorro, es jugar a la ruleta rusa.
El rebote es la norma y no la excepción cuando no se han construido hábitos mientras duraba el tratamiento.
Y noveno, si ya lo estás usando, no lo dejes de golpe ni en silencio. Habla con tu médico, refuerza proteína y fuerza desde hoy, y ten presente que el rebote es la norma y no la excepción cuando no se han construido hábitos mientras duraba el tratamiento. El fármaco puede comprarte tiempo; los hábitos son lo único que después lo sostiene. Y si en algún momento notas pérdida brusca de visión en un ojo, no lo dejes para la próxima revisión: es el único efecto adverso de toda esta lista que puede ser irreversible.

Autores
Mikel Zabala, CEO y director de CRC Cycling Research Center. Catedrático de la Universidad de Granada. Director del Centro de Estudios e Investigación Olímpicos (CEIO). Durante una década fue Director de Rendimiento del Movistar Team, aplicando la metodología que hoy impulsa el CRC a etapas de Grand Tour, clasificaciones generales y medallas mundiales. También fue Director Técnico y Seleccionador Sub-23 de Carretera y MTB de la Selección Española de Ciclismo, Real Federación Española de Ciclismo.
José Joaquín Muros, experto en CRC. Doble doctorado (UGR/Loughborough + Jaén/Nottingham). Investigador de referencia en nutrición aplicada al ciclismo de competición. Especialista en antropometría ISAK y la relación entre composición corporal, ingesta y rendimiento real en carrera.
Referencias
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